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Author: Dulces Sueños
Home Articles Posted by Dulces Sueños
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EducaciónInfancia
14/09/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Bebés: nadar desde los primeros meses

Natación: una extraescolar imprescindible para los padres
Es una de las pocas actividades extraescolares que los padres no perdonan: la natación. Hoy en día se considera este aprendizaje como imprescindible para la mayoría de las familias, ya que permite que los niños disfruten del agua y evita accidentes acuáticos que pueden llegar a ser mortales.

Los beneficios de la natación son ampliamente conocidos, por un lado, físicos: mejora el equilibrio de los pequeños y adquieren mayores destrezas. En concreto, los estudios señalan que los niños que acuden a clases de natación consiguen antes habilidades como mantenerse de pie sobre una pierna, saltar a la cuerda, caminar de puntillas, golpear un balón. Además, la natación aumenta la capacidad pulmonar y mejora la circulación.

 
Beneficios cognitivos y sociales para los nadadores
Por otro lado, se ha demostrado que nadar mejora el desarrollo social y cognitivo. Gracias a las clases de natación el niño adquiere mayor independencia, al ser capaz de desplazarse por sí mismo y le hace ganar confianza, por lo que mejora su autoestima. Como toda práctica de deporte, nadar estimula las conductas saludables y lo educa para en el futuro tener mejores hábitos.

 
Una actividad que disminuye los accidentes en el agua
Lo que está claro es que, a pesar de que hasta los cuatro o cinco años los niños no están suficientemente maduros para aprender a nadar, familiarizarse con el medio acuático desde los primeros meses disminuye el número de accidentes. Así, cuanto antes se familiaricen con el agua mejor, ya que los ahogamientos son una de las causas más comunes de muerte en los primeros años. La edad, y la poca supervisión son los principales factores de riesgo para que se produzca un accidente.

 
El riesgo del cloro para la salud de los niños
Además, a menudo se han señalado riesgos en la práctica de la natación y las consecuencias que podría tener la inhalación de cloro u otras sustancias usadas en la piscina en la salud de los niños.

Aunque actualmente gran parte de la comunidad científica sostiene que no hay evidencias de que exista una correlación entre el cloro de la piscina y una mayor presencia de enfermedades respiratorias como el asma, sí señalan que las piscinas deben respetar los niveles de cloro permitidos y que las instalaciones deben encontrarse bien aireadas. De hecho, el Ministerio de Sanidad explica que el cloro es una garantía de desinfección, pero que un nivel excesivo puede afectar a los ojos o provocar problemas respiratorios en niños, sobre todo en espacios mal ventilados. Por lo tanto, ante cualquier duda, lo mejor es consultar con el pediatra la sospecha de que tu hijo se esté viendo afectado por estas sustancias. Sin embargo, hoy en día, el nivel de cloro de la piscina suele ser medido cada día para cumplir la ley. Según la norma, los responsables de las piscinas deben informar de los niveles de cloro que tiene el agua y si superan los límites deben cerrar el espacio hasta normalizar los valores.

 
Las etapas en el aprendizaje
Los niños maduran lo suficiente para aprender a nadar alrededor de los cinco años, pero antes de aprender se pueden ir superando etapas hasta completar el aprendizaje. La primera es la de supervivencia, donde el bebé se familiariza y aprende a flotar, son clases de matronatación, ya que cada bebé debe ser acompañado por uno de sus padres. La segunda es cuando el niño es capaz de desplazarse y girar en el agua. Las clases en esta etapa son lúdicas y consisten en tirar objetos y los intenten coger, aprenden poco a poco a bucear. En esta etapa todavía no se enseña técnica. Una vez que el niño ya ha pasado por estos dos estados es el momento de ir conociendo poco a poco los estilos y aprender a nadar correctamente.

 

Fuente: Baby control

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CuidadosInfanciaNutriciónSalud
01/09/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Niños: alimentos hidratantes para vencer el calor

Hidratación: clave para evitar los efectos nocivos del sol
Con la llegada del calor y las altas temperaturas conviene extremar las precauciones para que los niños se mantengan hidratados y no sufran de insolación o un golpe de calor. Para ello, tomar suficiente líquido es imprescindible, ya que según los grados de temperatura que haya, el nivel de humedad o la actividad física que se realice, las necesidades de niños y mayores pueden duplicarse respecto a las épocas de frío.

Niños y mayores son los dos grupos de población más vulnerables a sufrir deshidratación, por esta razón hay que estar especialmente atento a los síntomas: cansancio, somnolencia, sudoración excesiva, aceleración del ritmo cardiaco, dolor de cabeza… sobre todo para evitar el conocido como “golpe de calor” que ocurre cuando el cuerpo no es capaz de mantener la temperatura corporal adecuada a las necesidades del organismo.

Beber más cantidad, pero a pequeños intervalos
Con la llegada del calor, las necesidades de hidratación llegan a duplicarse, sin embargo, según los estudios realizados al efecto, “dos de cada diez personas no aumentan la ingesta de líquidos durante esta época”. Y si bien es verdad que muchas personas aseguran no haber sufrido nunca deshidratación, sí reconocen que han padecido alguno de estos síntomas derivados de la falta de líquido.

Además, durante la época estival proliferan los casos de diarrea o gastroenteritis, o la fiebre, dolencias que se dan con mayor frecuencia en los primeros años. En estas circunstancias, se hace imprescindible la ingesta de líquidos para recuperarse antes.

 
Te contamos algunas recomendaciones para mantener a los niños hidratados, ayudándote de los alimentos ricos en agua:

  • Dar preferencia en la dieta a los alimentos con alto contenido en agua, como frutas y verduras. Recuerda que la fruta debería ser la primera opción como tentempié entre horas, a media mañana y en la merienda. Frutas típicas veraniegas como la sandía, el melón o el tomate, son ricas en agua y se pueden tomar en una gran cantidad de elaboraciones. Además, las fresas y las cerezas también son ricas en agua y poseen vitaminas y fibra.
  • Atención a las cantidades. Según la edad, se necesita una mayor o menor cantidad de líquido. De forma general los niños entre 6 meses y dos años deberían ingerir diariamente entre 800 ml y 1200 ml, y desde los dos años hasta los 8 unos 1.500 ml. Para lograrlo, podemos recurrir a caldos, polos caseros, granizados, batidos…
  • La forma de hidratarse. Es mejor tomar alimentos ricos en agua con frecuencia y en pequeñas cantidades. Tomarlos por la mañana o a media tarde es mejor para evitar los “escapes” por la noche, si el niño ya ha abandonado el pañal. En cuanto a la bebida, siempre priorizar el agua a otras bebidas que pueden contener un exceso de azúcares que no son saludables para una dieta infantil. Para ello, ten siempre que puedas a mano un botellín con agua.
  • Ofrecer pequeños snacks como rodajas de pepino con un poquito de sal (el pepino posee 96% de agua y nutrientes como potasio, vitamina C y fibra) o trocitos de manzana (la manzana contiene 86% de agua) ayudan a mantenerse hidratado sin darse cuenta. Son alimentos que poseen muchas vitaminas y una gran cantidad de agua, lo que les hace muy beneficiosos para la dieta.
  • Vegetales de hojas verdes. No es de extrañar que en verano optemos por las ensaladas: ya que refrescan y aportan agua. Si el niño la rechaza, déjale probar los ingredientes por separado y muéstrale cómo todo junto tiene un sabor también muy rico. La lechuga aporta un 95% de agua, es rica en vitamina A y C (beneficiosas para el cuidado de la piel), posee minerales, antioxidantes, y nutrientes que ayuda a la desintoxicación gracias a su efecto de eliminar las toxinas e impurezas, preservan la memoria y mantienen una visión sana. Además, otros vegetales ricos en agua son: acelgas, borrajas (que superan el 94% de agua), calabacín (94,6%) y espárragos verdes (92,8%).v

Fuente: Babycontrol

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EducaciónInfanciaPapisPsicología
14/08/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Niños que insultan, ¡ponles freno!

Una forma de mostrar el enfado
Cuando los niños son pequeños utilizan el llanto para expresar su desagrado ante una situación que no les gusta o les incomoda. El bebé llora para señalar una necesidad: tiene hambre, frío, sueño… Según van creciendo, el enfado se vuelve más complejo y aparecen los berrinches. Algunos niños lloran desconsoladamente, chillan e incluso llegan a insultar. Cuando este tipo de comportamientos aparecen hay que ponerles freno lo antes posible ya que con el tiempo se puede convertir en una conducta problemática y puede ser el síntoma de problemas mayores de comportamiento: como el síndrome del emperador o estar demasiado consentido.

¿Cómo podemos hacer para que los niños dejen de insultar?
Lo primero, se debe identificar el insulto como una conducta negativa y no quitarle importancia. Si se le pone freno pronto y no se consienten los insultos, el niño enseguida cambiará de actitud. Muchas veces los niños que insultan responden a un modelo de niño consentido, niños que tienen poca o ninguna consideración hacia los demás, son muy demandantes, caprichosos e incluso retadores, además, tienen muy poca tolerancia a la frustración. Por estas razones, el insulto se convierte en una reacción habitual cuando se enfadan o no logran lo que desean.

 
Te mostramos qué hacer para frenar los insultos de los niños hacia otros niños o adultos:

  • Poner límites. El niño debe ser reprendido desde el primer momento que utiliza el insulto por primera vez. Debe reconocer que es una conducta inaceptable. En algunas ocasiones, cuando el niño empieza a hablar y dice palabrotas, los adultos “le ríen la gracia”, pero estas situaciones hacen luego más difícil que el niño sea respetuoso y no las utilice en el día a día. Además, no solo se trata de las palabras que dice, sino del uso que se hacen de ellas. El niño debe saber que el insulto causa mucho daño a los demás.
  • Regañar al niño sobre cosas concretas. Decirle al niño exactamente qué ha dicho mal, señalarle “eso que has dicho está mal” y no recurrir a su persona, no decirle frases abiertas como “eres malo”. Hay que salvaguardar la autoestima del que agrede y reprender su comportamiento, no su persona. De esta forma evitamos que se acostumbre a calificar y juzgar a los demás.
  • Inculcar el respeto a los demás. Podemos hacerle reflexionar con frases del tipo, ¿a ti te gustaría que te dijeran eso? ¿Cómo te sentirías? ¿Cómo crees que el otro se siente cuando le insultas?
  • Dejar que el niño exprese su enfado, pero sin dañar a los demás. Se trata de equilibrar entre el autoritarismo y la permisividad. Los padres deben actuar de guía con los hijos, mostrándoles que comportamientos son buenos y cuáles son malos.
  • Utilizar los retos en lugar de los castigos. En general, proponer gratificaciones ante el buen comportamiento da mejor resultado que los castigos. Sobre todo, para los niños que se han habituado a insultar o a decir palabrotas. Proponer una tabla de retos con gratificaciones según se vayan cumpliendo objetivos es una forma adecuada y efectiva de modificar malas conductas.
  • Ser un ejemplo. Los adultos deben ser un ejemplo para los niños. De nada sirve que corrijamos al niño si el adulto usa el insulto de forma habitual con otras personas. También conviene poner especial cuidado con las expresiones de menosprecio hacia otras personas cuando los niños están delante, ya que los pequeños imitan el comportamiento de los adultos.

La mejor manera de tratar el enfado
Los insultos pueden ser usados de forma puntual o convertirse en una conducta habitual, pero en cualquier caso hay que responder de forma calmada, sin hacer un drama. Lo ideal, reprender el comportamiento y favorecer la comunicación para que el niño exprese su estado emocional. Elige el momento en el que el niño esté receptivo para hablar con él. Podemos ayudarle con frases como ¿Estás enfadado? ¿Te ha molestado lo que te he dicho? Se trata de aceptar sus sentimientos, pero esto no significan que puedan actuar como quieran, sino respetar sus emociones y señalarle con calma que el insulto no es la manera adecuada de expresarlo (no me gusta eso que has dicho y así no voy a poder ayudarte. Si estás enfadado, dímelo de otra forma y así podré atender a lo que me estás diciendo). Es una forma efectiva de que el niño se exprese con respeto y deje de lado las malas formas.

Fuente: Baby Control

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CrianzaEducaciónPsicología
01/08/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Trabajar la empatía en el aula con animales

Aprender valores cuidando una mascota
¿Un conejo en el aula? Las escuelas infantiles y colegios cada vez se animan más a introducir animales en las aulas, como parte de sus proyectos educativos y porque, gracias a ellos, los niños aprenden valores de una forma lúdica. ¿Lo has probado?

Introducir una mascota en el aula es una experiencia muy enriquecedora para los niños y que encierra un sinfín de aprendizajes. Más allá de conocer a los animales a través de vídeos o imágenes, interactuar con un animal en el aula les ofrece grandes beneficios. Te contamos como trabajar con ellos para que la experiencia sea un completo éxito.

 
Primer paso: la observación
Contemplar a un animal permite sensibilizar al niño sobre las necesidades del animal, saber cuidarlo y entender como debe ser protegido. Con la observación los niños aprenden a respetar a cada ser vivo y a ser conscientes de sus necesidades. La conexión emocional innata que sentimos hacia otros seres vivos permite ejercitar la empatía desde los primeros años, y esta ejerce un papel clave en el comportamiento y la actitud hacia la vida, mejorando las relaciones y siendo un arma muy efectiva para reducir la violencia.

 
Cuidar un animal mejora el comportamiento en el aula
Gracias al cuidado que cada ser vivo necesita se desarrolla el sentido de la responsabilidad, al mismo tiempo que aumenta el respeto por la vida. Podemos hacer varios grupos y que entre varios se encarguen de echarles comida, acariciarles, jugar con ellos o limpiar su jaula. De esta forma, los niños aprenden que su comportamiento afecta directamente a los demás. Los estudios llevados a cabo al efecto señalan que la presencia de animales en el aula ayuda a disminuir la tensión en los niños, además de que el contacto con mascotas refuerza el sistema inmunológico de las personas y mejora el bienestar emocional de las personas.

La relación con animales también está emparentada con una mejora de la autoestima. Cuando un niño cuida a un animal se siente fuerte y autónomo, lo que hace que se sienta bien; sobre todo cuando el animal le devuelve afecto. En el aula, el animal ejerce una función terapéutica y didáctica.

 
Precauciones a la hora de elegir el animal
Antes de llevar a cabo esta actividad en la escuela infantil es necesario tener en cuenta si algún niño tiene alguna alergia hacia los animales y si es así elegir el que mejor se adapte al aula.

Luego, conviene diseñar un programa de cuidados para que todos los niños participen y se turnen en las tareas que hay que realizar.

Dejarles interactuar con el animal, pero siempre supervisados por un adulto. Las mascotas estimulan el desarrollo físico de los niños, ya que gracias a ellos los niños hacen por moverse e interactuar con otros niños de la clase, por lo que fomenta la relación entre los pequeños.

Cuando los niños crecen un poco y empiezan a ser autónomos, algunas actividades como excursiones a granjas escuela o centros de recuperación de animales cobran gran protagonismo. En ellas, los niños pueden aprender de primera mano cómo viven los animales en su hábitat natural ya que en estos lugares se especial hincapié en su cuidado y bienestar.

Fuente: Baby Control

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A wooden board full of juicy slices of orange fruit on stone background
EducaciónNutriciónSalud
15/07/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Todo lo que debes saber sobre la Vitamina D

Un nutriente clave para la salud de los más pequeños
La vitamina D es clave para los huesos, ya que ayuda a absorber el calcio y juega un papel fundamental. Tener déficit de este nutriente durante el desarrollo puede producir en los niños raquitismo y en los adultos osteoporosis, debilidad muscular y fracturas.

La vitamina D juega también un papel importante en la buena salud de nuestro sistema cardiovascular y actúa como mecanismo de defensa en procesos infecciosos que afectan a las vías respiratorias. Además, las investigaciones llevadas a este efecto sostienen que tener un nivel suficiente de esta vitamina contribuye a la cicatrización de las heridas y previene el desarrollo de algunos tipos de cáncer, entre los que se encuentra el de colon, de próstata y de mama.

 
¿Dónde la encontramos?
Algunos alimentos contienen naturalmente esta vitamina, pero no son muchos. Los pescados grasos (salmón, atún o caballa) son la mayor fuente de vitamina D. Además, el queso, la yema de huevo y el hígado de vaca también la contienen, pero en poca cantidad. Por esta razón, en los últimos años han salido alimentos suplementados con esta vitamina. Tal es el caso de la leche, algunas marcas de zumo o yogures.

Aunque se obtiene de los alimentos, la vitamina D se sintetiza con la luz solar. Es decir, mediante la exposición al sol, la piel produce esta vitamina, por lo que pasar una pequeña parte del día al aire libre está asegurándote la dosis de vitamina D necesaria para el funcionamiento de tu organismo y el desarrollo de tus huesos.

Durante los días nublados o estar a la sombra reduce la cantidad de vitamina que produce la piel y aunque es necesario limitar la exposición solar para reducir la posibilidad de sufrir cáncer, pasar de 10 a 20 minutos al día al sol es muy beneficioso para nuestra salud.

 
¿Qué podemos hacer para aumentar la cantidad de vitamina D?
A pesar de todas estas bondades, la población infantil tiene déficit de vitamina D, por lo que los pediatras recomiendan suplementar la alimentación con esta vitamina al menos durante el primer año de vida.

Además, los expertos aseguran que pasar de 15 a 30 minutos al día expuestos al sol, produciría la cantidad de este nutriente que necesitamos. Sin embargo, ni en un país como el nuestro, con tantas horas de sol al día, tenemos los niveles aceptables de este nutriente. Algunos expertos señalan que esto se debe al excesivo uso de cremas solares, que llevan filtros de rayos ultravioletas que son los que influyen en su síntesis.

Por lo que tener suficiente vitamina D no parece una tarea complicada. Exponerse un rato al sol sin protección, evitando las horas centrales del día durante los meses más calurosos, debería ser suficiente.

Fuente: Baby control

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Group of children enjoing and singing song together
CrianzaEl Centro
01/07/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Cantar a los niños: Una actividad llena de beneficios

Una herramienta didáctica para la escuela infantil
La voz humana está llena de musicalidad. Cuando hablamos, emitimos sonidos con un ritmo, una cadencia, un tono… todos ellos son conceptos musicales que ayudan a desarrollar nuestro cerebro e incrementan nuestro bienestar. Los educadores en las escuelas infantiles recurren a canciones para establecer rutinas, para empezar o finalizar actividades e incluso para momentos en que los niños necesitan activarse o relajarse. Y tú, ¿lo has probado?

Te contamos cuáles son los grandes beneficios para los niños de cantar o que los cantemos, independientemente de su edad.

 
La mente: la gran beneficiada del canto
Aunque la música tiene beneficios para todas las edades, las canciones son una poderosa arma de aprendizaje en los primeros años de vida. Es una actividad lúdica que favorece el desarrollo cerebral, ayuda a mejorar la memoria y la concentración, así como la creatividad. Los expertos llevan años investigando las ventajas de la música en múltiples campos, incluso se usa de forma terapéutica junto a otras disciplinas.

 
Una actividad repleta de beneficios
Cantar, además, está relacionado con las habilidades sociales que los humanos tenemos como especie. Desde la antigüedad la música ha funcionado como una forma más de comunicación, y aunque actualmente su función social ya no es tan importante como lo fue en las sociedades tradicionales, la música y el canto son expresiones humanas muy poderosas. No hay que olvidar que cantar es un potente nutriente para el cerebro.

Te mostramos cuáles son sus beneficios para el cerebro de los niños:

  • Estimula la maduración de los niños, favoreciendo su desarrollo físico, mental y social, lo que se traduce en un mayor desarrollo del lenguaje, inteligencia social y mayor control de los impulsos y de la agresividad.
  • Favorece el aprendizaje. Cantar aúna palabras y música lo que contribuye a ampliar vocabulario y reforzar su memoria.
  • Ayuda a la atención y a la concentración. Favorece la escucha y la perseverancia.
  • Produce sensación de bienestar, reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) por lo que cantando uno tiende a relajarse y calmarse.
  • Incrementa la autoestima. Sobre todo cuando se canta en grupo se potencia la importancia de cada uno y les ayuda a sentirse parte de un grupo.
  • Estimula la creatividad y es un estupendo recurso para desarrollar la sensibilidad estética de los niños.

 
¿Deberías cantar a tu bebé?
Hemos dejado claro que cantar es muy positivo para los niños, pero que lo hagan los adultos también, ya que los niños aprenden por imitación y además de potenciar todas las habilidades que hemos mencionado es una fantástica manera de reforzar el vínculo con ellos, atrayendo su atención, fomentando su escucha y produciéndoles bienestar.

Además, en la etapa de alfabetización las canciones infantiles, muchas veces con rima y sonidos repetitivitos, incluso acompañadas de gestos, facilitan que el niño aprenda a hablar y entender de forma más rápida.

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Baby cry. Close up portrait of a crying kid.
CrianzaEducación
15/06/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

¿Cómo lidiar con la agresividad de nuestros hijos?

Enseñarles a controlar sus impulsos
Alrededor de los dos años los niños empiezan a mostrar sus intereses y normalmente se frustran cuando no consiguen lo que desean. Además, en esta edad todavía no hablan todo lo que quisieran y a menudo atajan mostrando su enfado o su frustración a través de la agresividad. En nuestra mano está enseñarles a controlar sus impulsos de una forma más sana. Te mostramos cómo actuar y como cortar de raíz estos comportamientos, ya que con unas claves educativas podemos enseñar a los niños a expresar sus sentimientos de forma pacífica, lo que sin duda será un gran aprendizaje para relacionarse con sus iguales.

Cuando la agresividad reporta beneficios
Los niños aprenden rápido lo que les funciona y lo que no. Si descubren que llorando consiguen hacer lo que quieren, llorarán. Si aprenden que siendo agresivos reciben también alguna gratificación es fácil que esta forma de comportamiento se convierta en una conducta habitual. Sin embargo, cuando empieza a aflorar la agresividad, los niños no son conscientes de estas situaciones. Es la repetición del mal comportamiento sin que haya consecuencias lo que puede terminar siendo un problema. La idea es que desde el principio seamos firmes y no toleremos determinadas conductas. Para ello es fundamental que aprendan que hay otros caminos más satisfactorios de resolver las situaciones.

 
Si tu hijo es de los que resuelven la situación con una patada, un mordisco o un manotazo, te mostramos qué hacer para terminar para siempre con esta conducta agresiva:

  • Actúa rápidamente. Cuanto más cerca esté nuestra reacción al hecho que la ha producido más claro verá el niño la consecuencia de sus actos. Si ves que la situación se va a producir y aún no se ha producido, intenta pararle con una frase del estilo ¡Basta ya! Si es necesario, apártale unos segundos.
  • Responde con diálogo y coherencia. Si ha golpeado a otro niño, llévale aparte, ponte a su altura, mírale fijamente y explícale que si quiere jugar con los demás no puede golpear a otros niños.
  • Mantén la calma. Trata de no gritarle o pegarle y déjale claro que su comportamiento no te gusta. Si el niño ve que tú puedes actuar calmado aprenderá que el enfado se puede resolver de esta forma.
  • Dale una resolución. Cuando ya esté calmado, habla con él tranquilamente de lo que ha ocurrido. Y pídele que te explique por qué se enfadó. Dile que es normal enfadarse, pero que no puede resolver un enfado agrediendo a los demás. Enséñale que siempre puede recurrir a la palabra, diciendo aquello que no le gusta antes de que explote el enfado o acudiendo a un adulto para buscar ayuda.
  • Sé constante. Intenta actuar siempre de la misma forma ante cualquier episodio de agresividad. Incluso puedes recordar la última vez que se enfadó y se puso agresivo y la consecuencia que tuvo (por ejemplo, estar unos minutos solo, sin jugar).
  • Enséñale a pedir perdón. Explícale que cuando se hace daño a alguien hay que disculparse. Aunque al principio no quiera o niegue que lo ha hecho, irá poco a poco aprendiendo que la disculpa es necesaria.
  • Elogia su buen comportamiento. Préstale atención cuando se porte bien, cuando comparta con sus amigos o respete los turnos. El refuerzo positivo es muy potente y por lo general es la mejor forma de fijar comportamientos en los niños. Otra forma de enseñarle es hablar con él cuando se presenten situaciones en las que él no es el protagonista. Por ejemplo, está genial que Juan haya dejado a Pedro el columpio, así los dos se han divertido. Este tipo de comentarios en el que él es observador, le enseñan valores positivos.
  • Fomenta la actividad física. Si tu hijo es muy activo y ves que necesita desfogarse, ve al parque, déjale que corra, que salte y que gaste energía al aire libre y huye de actividades sedentarias como ver mucho rato la televisión o jugar con la tablet.

Fuente:
https://www.babycontrol.com/blog/ninos-como-lidiar-con-la-agresividad/

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niños que no duerme bien, pesadillas
EducaciónInfanciaMétodos
01/06/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Niños con miedo: los temores más comunes y cómo combatirlos

La confianza: clave para superar el miedo
Cuando hablamos de miedos infantiles, la mayoría de nosotros pensamos en los dos años, porque en ese momento de la vida, los niños tienen una imaginación exacerbada y como están empezando a hablar empiezan a expresar sus inquietudes. Sin embargo, mucho antes, los niños ya sienten miedo ante el abandono o ante las personas que no conocen y buscan el consuelo de sus padres para sentirse seguros. Darles confianza y apoyo es fundamental para que esta etapa se convierta en transitoria y termine pronto.

El miedo en la infancia es evolutivo, es decir, va cambiando según su edad. Lo importante es que aprendan a superarlos y tratar de que no se queden con ellos y se acumulen según vayan creciendo. El miedo está relacionado con el instinto de supervivencia y según los niños ganan en autonomía, los miedos tienden a desparecer.

 
Los miedos más habituales y cómo combatirlos
Te contamos cuáles son los miedos más comunes y cómo podemos ayudar a los niños a superarlos. Eso sí, dependiendo de la sensibilidad de nuestro pequeño, la intensidad o la duración de los miedos puede ser mayor o menor. Así, que ármate de paciencia. Es una época complicada, pero casi el 100% de las veces se resuelve satisfactoriamente.

 
Miedo a la separación. Alrededor del año todos los niños sienten temor a la separación. En unos niños será más evidente que en otros, porque llorarán más o lo expresarán de forma más exagerada; pero todos lo sufren en mayor o menor medida.

¿Qué podemos hacer?
Algunos juegos como el cucú-tras, o el escondite son de gran ayuda para que entiendan que, aunque desaparezcas de su vista, no te has ido. Dejarles a ratos solos también es de gran ayuda, podemos hacer que nos oiga y que sientan que estemos cerca, aunque no estemos delante, lo que le permitirá manejarse con más tranquilidad.

Además, cuando vayamos a dejarlos solos porque tenemos que salir es fundamental despedirnos de él, aunque llore. De esta manera, sabrá que puede confiar en nosotros y le dará seguridad. Por lo tanto, escaparnos a escondidas es contraproducente: le provoca inseguridad y puede que reaccione con miedo a la separación, manteniéndose a nuestro lado en todo momento, por el temor a que desaparezcamos.

 
Miedo a los extraños. Este tipo de miedo es una variación del miedo a la separación, y empieza a manifestarse alrededor de los ocho meses. Algunos niños se aferran a los padres cuando les habla un desconocido o incluso un familiar al que no ven a menudo.

¿Qué hacer?
No regañarle y actuar con normalidad. Hay que respetar el ritmo del niño y darle tiempo para que se acerque poco a poco, desde la confianza.

 
Miedo a la oscuridad. Es otra manifestación del temor a la separación y, en resumen, es el miedo a quedarse solo y desprotegido sin el acompañamiento de mamá o papá.

¿Qué hacer?
Lo primero es tranquilizarle y acompañarle a ratitos, evitando dejarle llorar solo a ver si termina pasándosele. Dejarle sin atención, confirma su temor al abandono y hace que su miedo crezca.La idea es estar con él a ratitos, tratando de que cada vez pase más tiempo solo. Ofrecerle un peluche, dejar un poco la puerta abierta, o una luz en el exterior puede ayudarles a hacer este miedo más llevadero.

 
Miedo a las tijeras. También es frecuente que los niños tengan miedo de que les corten el pelo o las uñas. Cuando son pequeños no saben qué duele y qué no, ni conocen su propio cuerpo bien. Por lo que las tijeras les parece un instrumento peligroso que puede hacerles daño.

¿Qué hacer?
Tranquilízale y ponte de ejemplo. Si él ve que te cortas tu primero las uñas o el pelo y no duele irá poco a poco teniendo confianza. Ármate de paciencia y ve poco a poco, sin forzar la situación demasiado.

 
Miedo a determinados juguetes
Algunos juguetes pueden asustar a los niños en lugar de divertirles. Puede ser porque sean muy ruidosos, por la expresión de su cara o por sus colores. Es muy conocido el temor que muchos niños sienten hacia los payasos: sus movimientos, sus voces, sus llamativas ropas…

¿Qué hacer?
Quizá es el miedo más fácil de superar, ya que con eliminar el juguete de su estantería es suficiente. No es recomendable darle explicaciones, porque seguramente no es capaz de entenderlas bien y lo que el niño necesita es nuestra comprensión y consuelo. Un buen abrazo o contarles un cuento que desdramatice la situación, incluso poniendo al personaje que le da miedo como un ser ridículo, patoso… suele ser suficiente para que el temor poco a poco desaparezca.

https://www.babycontrol.com/blog/ninos-con-miedo-los-temores-mas-comunes-y-como-combatirlos/

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bebe-gateando
InfanciaMétodos
15/05/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

El gateo, una fuente de beneficios para tu bebé

Aproximadamente entre los 8 y los 12 meses, los niños comienzan a gatear. El gateo es uno de los avances más importantes que se dan entre los niños más pequeños, supone un hito en su crecimiento porque el bebé se hace más autónomo al desplazarse por sí mismo, y esto supone que su cerebro se activa y gana en experiencias. Todo ello le reporta un enorme beneficio cognitivo y emocional.

Para que el gateo comience, el punto de partida es que el bebé haya aprendido a sentarse. Desde ese momento, todo irá evolucionando para que poco a poco vaya cogiendo fuerzas en brazos y piernas y llegue el momento en que pueda desplazarse por sí mismo. Hoy en día, muchos niños no gatean y pasan directamente de estar sentados a andar. Esto se produce, por un lado, porque muchos padres tienen deseos de que los niños hagan pronto determinadas cosas como andar, hablar… de esta forma alientan a los niños para que lleguen a etapas para las que todavía no están preparados. Y, por otro, cuando el espacio es pequeño y se dispone de poco tiempo para dedicar a los niños, a veces los bebés pasan más tiempo en hamacas o parques del que debieran. Por eso muchos pediatras están recomendando a los padres que estimulen a los pequeños todo lo posible para que el niño alcance esta etapa. Pero, ¿por qué es importante el gateo?

Los principales beneficios de gateo son:

  • Fortalecimiento de los músculos.
    Con el gateo las extremidades se hacen fuertes. Es un ejercicio muy beneficioso para brazos y piernas, pero también para el cuello y la espalda. Además, el gateo desarrolla la estructura general del cuerpo: es un movimiento que involucra hombros, codos, rodillas y tobillos. Toda la musculatura se refuerza, fundamental cuando el bebé se lance a andar.
  • El desarrollo de la vista.
    El bebé fija la vista en un objeto y se dirige a cogerlo, de esta manera ejercita la coordinación óculo-manual, fundamental en el aprendizaje de muchas habilidades futuras. Potencia la visión periférica, que es la que nos permite orientarnos en el espacio, dándonos información sobre el entorno. Este tipo de visión es fundamental para conducir o para practicar deportes de equipo. Estimula la convergencia y la acomodación, que permite conocer la distancia con un objeto para focalizar correctamente. Desarrolla la visión tridimensional que permite apreciar los volúmenes y la binocular, que hace que las dos imágenes procedentes de los dos ojos converjan en una imagen definida.
  • Aumenta la capacidad de coordinación y equilibrio.
    En el gateo, el movimiento a la vez del brazo y la pierna contraria hace que el niño tenga que equilibrarse a cada paso y estar coordinado. Además, a nivel cerebral se trabaja la latelaridad o el intercambio de información entre hemisferios, lo que dotará al niño de habilidades para hacer tareas distintas a la vez y realizarlas de forma más eficaz que si no se ejercitara con este movimiento.
  • Ayuda a comprender conceptos como distancia y espacio.
    Como ya hemos explicado, el niño se fijará en algo y tendrá como objetivo alcanzarlo. Experimentará las distancias cortas y las largas en su propio cuerpo, lo que le traerá enormes beneficios en el aprendizaje escolar que tendrá que desarrollar en los siguientes años.
  • El gateo les motiva para aprender y les permite satisfacer su curiosidad.
    La satisfacción de llegar a una meta y conseguir aquello que se propusieron les animará a aprender y experimentar cosas nuevas.
  • Aumenta la autonomía y les ayuda en la separación de mamá.
    El bebé por fin puede elegir dónde va, puede seguir a mamá o decidir libremente si se va a otra habitación y deja de verla. La autonomía que le produce le llenará de gozo y le animará a separase físicamente de sus padres con seguridad, ya que él podrá escoger cuánto se aleja de donde estén sus padres y durante cuánto tiempo.
  • La importancia del movimiento en edades tempranas.
    Los bebés experimentan los sentimientos y las emociones a través del movimiento. Al no saber hablar, ni tener capacidad de un pensamiento complejo, el bebé se vale del movimiento para relacionarse con el mundo exterior. El gesto, la actitud, el llanto… son manifestaciones de cómo se encuentra el niño en cada momento y el movimiento del gateo influye también en el desarrollo y expresión de su mundo afectivo y emocional. Los niños que gatean suelen tener menos problemas para resolver sus dificultades.

Hay que tener en cuenta que el gateo se da durante un periodo corto, ya que en uno o dos meses el bebé comenzará a andar, por eso es fundamental que en la medida de lo posible los padres faciliten que se pase por esta etapa, fundamental en el desarrollo cerebral de sus pequeños. Para ello, sólo hay que intentar que el niño se pueda mover libremente lo más posible y animarlo a coger cosas que sean atractivas para él, y una vez se ha conseguido dejarle que explore para incentivar que continúe haciéndolo.

https://www.babycontrol.com/blog/el-gateo-una-fuente-de-beneficios-para-tu-bebe/

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01/05/2022 by Dulces Sueños 0 Comments

Mi niño no hace caca

El estreñimiento es uno de los problemas más habituales en la infancia, los pediatras aseguran que supone entre un 3 y un 5% de las consultas en Atención Primaria y este porcentaje sube al 20% en la atención especialista, las unidades de gastroenterología pediátrica. No en vano se calcula que afecta a aproximadamente el 7,5% de la población en edad escolar.

El estreñimiento en los niños se caracteriza por la dificultad que tienen estos a la hora de evacuar y existen dos criterios fundamentales para diagnosticarlo: evacuación dolorosa, esto pasa porque la falta de hidratación en las heces hace que se sequen y se vuelvan duras; o por la frecuencia defecatoria. Se considera que la frecuencia adecuada varía desde 2-3 deposiciones diarias a 3 deposiciones a la semana. Por lo tanto, un niño que vaya al baño menos de 3 veces en semana puede considerarse estreñido. Además, si tiene una actitud retentiva, siente el dolor al defecar, tiene al menos un episodio de incontinencia por semana o sus deposiciones son excesivamente voluminosas son factores que ayudan a diagnosticar el estreñimiento.

Cuando un niño comienza a tener episodios de estreñimiento hay que acudir al médico, porque es fundamental que éste descarte un posible problema orgánico. Aunque estos problemas son muy poco comunes, ya que afectan sólo al 1% o 2% de los casos, conviene que el médico lo compruebe. En el caso de que no haya causas de este tipo, deberá conocer la dieta y los hábitos del pequeño. La mayoría de las veces que hay un estreñimiento leve este mejora con unos hábitos adecuados y con una dieta rica en fibras.

Consejos para evitar el estreñimiento
Los hábitos son fundamentales para aliviar el estreñimiento en los casos leves, solo cuando pese al cambio de estos el niño continúa con episodios, habría que pensar en seguir un tratamiento farmacológico. Pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo?
 

  • Aumentar la cantidad de fibra en la dieta. La fibra es clave en el caso del estreñimiento, porque es sin duda el componente que ayuda a mejorar el tránsito intestinal y a que no se produzcan los temidos atascos. La fibra está presente en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos. Si la dieta del niño es pobre en estos alimentos, hay que aumentarlos, pero poco a poco, ya que una ingesta excesiva puede producir gases e incluso cólicos. Recuerda que la fibra se encuentra en la piel de las frutas, así como la pera o la manzana conviene tomarlas con la piel. Si el niño pequeño la rechaza, puedes darle la pieza parcialmente pelada. Ofrécele verduras enteras, no en puré. En el chino o pasapurés queda retenida muchas veces la fibra.
  • Disminuir el consumo de alimentos astringentes. Las patatas, plátanos, la zanahoria cocida o el arroz no integral son astringentes, así que hay que tener cuidado con su consumo. Si se toman, debe ser en muy poca cantidad, al menos mientras dure el estreñimiento.
  • Beber agua u otros líquidos. Ofrécele abundantes líquidos. Los niños deben beber al menos dos vasos de agua al día y es mejor beber un buen trago a un sorbito. Los líquidos favorecen la deposición porque aportan humedad al intestino y ayudan a que las heces estén hidratadas y no se endurezcan.
  • Evitar siempre que se pueda el desorden en las comidas. Acostúmbrale a unos horarios. Muchos niños pequeños comen más entre horas que a la hora de la comida. Ese picoteo continuo es nefasto para el estreñimiento.
  • Establecer un patrón regular para ir al baño. Aunque no siempre es fácil, hay que intentar que el niño se siente todos los días a la misma hora. Intenta que sea unos 15 minutos después de una comida, momento ideal donde el intestino se pone en movimiento. Utiliza un cuento o quédate con él para ver si consigue hacer caca y anímale. El miedo y las presiones juegan un papel fundamental, así que intenta relajarte para que el niño esté lo más tranquilamente posible.
  • Ejercicio físico. El movimiento pone en marcha el cuerpo y ayuda a que todas sus partes se pongan en marcha. Para evitar el estreñimiento por sedentarismo anima a tu niño a moverse: correr, saltar o jugar al aire libre le ayudará.
  • Evitar siempre que sea posible los supositorios. Con los lactantes puede ayudar masajear la tripa o ponerle boca arriba y flexionar sus piernas unas cuantas veces. En cuanto a supositorios o laxantes conviene evitarlos ya que el cuerpo se acostumbra a tener estímulos para defecar. Si no hay más remedio, se pueden usar, pero solo de forma puntual.
  • Paciencia ante momentos difíciles. Hay que tener en cuenta que a veces el estreñimiento aparece ante momentos de estrés del pequeño. Uno de los más comunes es la retirada del pañal, ya que algunos niños sienten miedo de evacuar y es en ese momento cuando se hacen conscientes de este proceso. A pesar de que el estreñimiento genera mucha inquietud y ansiedad en los padres, estos deben atajar el problema lo antes posible y con toda la paciencia de la que sean capaces. Con mejorar los hábitos y modificar la dieta, la mayoría de los casos remiten. En el caso de que no sea así, habrá que seguir las indicaciones médicas. Lo fundamental es tratar este problema cuando aparezca, ya que se puede hacer crónico y más difícil de solucionar.

https://www.babycontrol.com/blog/mi-nino-no-hace-caca/

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